BIENAVENTURADOS LOS POBRES EN ESPÍRITU. Apenas comenzando Jesús su ministerio público comenzó a ejecutar sanidades y las multitudes le seguían. Ya ha elegido sus discípulos quienes fueron más tarde los apóstoles por lo que se subió al monte y llamó a sus discípulos para enseñarles las condiciones del Reino de Dios; Su primer sermón fue respecto a que el Reino de Dios se había acercado. Nos parece obvio que para que haya un reino, se necesita quien lo gobierne y a quienes gobernar; en este caso, Jesús es el Rey y nosotros sus siervos. Hay, por lo tanto, condiciones específicas para pertenecer a ese reino y son las que él expone a sus discípulos. Comienza con la expresión: bienaventurados. Esta palabra se refiere a feliz o dichoso. Esta felicidad no depende de circunstancias favorables. Pero lo más sorprendente es que comienza su sermón diciendo: “bienaventurados los Pobres en espíritu”: No los pobres materialmente, tampoco dijo pobres espirituales; ¡son expresiones diferentes! Jesús habla es de pobres en espíritu, señalando que son personas capaces de reconocer que son pecadores, que necesitan profundamente de un salvador. Pablo era pobre en espíritu cuando afirma en 1ª Timoteo 1:15: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero”. Ser pobres en espíritu es ser sensible a la necesidad de Dios, es tener una opinión humilde de sí mismo; es el no confiar en la rectitud de nosotros mismos!

Contrario a ellos son los “orgullosos de corazón” que son aquellos que se creen que no necesitan nada, se sienten bien como están, los corona la soberbia y se oponen a la voluntad de Dios. Estos no quieren reconocer que son pecadores, no reconocen sus faltas y no desean ni quieren cambiar. Piensan que no necesitan ser enseñados, ¡porque todo lo saben!

POR QUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS: Cuando nuestro espíritu es humilde y sensible a Dios y reconocemos nuestra gran necesidad de Dios venimos a ser ciudadanos del cielo. Por consiguiente, El reino de los cielos es la suma total de las bendiciones que resultan cuando uno lo rinde todo a Jesús. Dios nos trasladó del reino de tinieblas al reino de su amado hijo (Colosenses 1:13)

Es menester que no importa lo que hayamos alcanzado, ni a donde hemos podido llegar en el Señor, nos mantengamos con esa humildad de espíritu, libres de la autosuficiencia y mostrar total dependencia de Dios y de su Santo Espíritu.


Publicado originalmente en DevocionalDiario.com. Escrito por: Lucy Carmona