En México hay un juguete que se llama reguilete (remolino en Chile). Consiste en pedazos de papel cortados y ensamblados de tal manera que cuando sopla el viento les hace girar. El viento les mantiene en movimiento. ¿Y que no es así como debe ser el creyente? El Espíritu Santo es la corriente de viento que mueve su vida, y el creyente debe amoldar su alma a conveniencia del propósito de DIOS. El viento que el Todopoderoso sopla debe impulsarle y llevarle a vivir el propósito divino, y no para tirarle al suelo y destruirle.

Lamentablemente en algunas ocasiones el creyente cierra su corazón al no mirar lo que esperaba y se niega a dejarse llevar por el viento del Espíritu Santo. La vida se le torna pesada y le deja de disfrutar. En otras ocasiones el temor y duda roban la felicidad del creyente con afanes. Pero cuando uno dispone el corazón creyendo que DIOS tiene pensamientos de bien y no de mal para los suyos (Jeremías 29:11), es cuando se puede andar libremente y disfrutar el sueño de DIOS.

Para José el soñador rendirse al soplo divino significó padecer injusticias y ser enviado a la cárcel, no obstante al final fue llevado en el momento preciso al palacio en el que viviría su propósito. Una vez que fue ungido, David, se dispuso a vivir el sueño de DIOS. Pero primero el soplo del Señor le llevó por senderos inesperados y peligrosos para prepararle, y con el tiempo llegar a ser el rey de Israel.

Cuando uno se rinde a la voluntad de DIOS ésta se vuelve fácil y disfrutable. Él da seguridad a pesar de que el viento sople fuerte y de manera incontrolable. Cuando uno se rinde al plan de DIOS se disfruta el viaje de la vida, pues al confiar en el SEÑOR nuestras almas descansan. ¿Quién mejor que DIOS para soplar viento hacia nosotros y dirigir nuestras vidas?

Sé como el reguilete y vive lo que DIOS ha planeado para ti.


Publicado originalmente en DevocionalDiario.com. Escrito por: Richy Esparza