DIOS creo al hombre para alabarle, y cuando una persona recibe a Cristo en su corazón, ésta recibe poder de DIOS para hacerlo. El creyente alaba al Creador viviendo su propósito, ofreciéndole sacrificios de gratitud y disfrutando todo lo que Jesús pagó por él. No obstante el creyente puede poner sobre sí peso que no le corresponde y convertir el regalo de la vida en un pesar.

Las Escrituras en el Salmo que escribió Moisés, Salmo 90, nos invitan a reconocer la brevedad de nuestras vidas para que nuestro corazón adquiera sabiduría. La estancia del creyente en la tierra es fugaz en comparación con la eternidad. Entonces, ¿por qué perder parte de ella afanados, preocupados, angustiados, o tomando las bendiciones que DIOS da como cargas?

La manera en que un padre encuentra contentamiento es viendo cómo su hijo/a disfruta lo que con esfuerzo él le da. Lo cual no es diferente con el Padre Celestial, quien espera que disfrutemos lo que a Cristo le costó tanto en la Cruz.

Si tú has permitido que en tu corazón entre amargura por las diversas pruebas o circunstancias que has vivido, es momento de acercarte a DIOS y arrepentirte. Entrégale cualquier peso que te ha separado de Él o que te impide ver las bendiciones que a diario tiene para ti.

Jesús pagó el más grande precio por ti en la Cruz, el precio de tu paz (Isaías 53:4-5), que en el original es el “Shalom de Dios”. Esto significa plenitud, incluyendo salud, bienestar, y todo lo que necesites. Jesús pagó el precio para darte un fresco y nuevo comienzo y para que disfrutes la vida como el regalo que es.

Si últimamente no miras la vida como un regalo, haz conmigo esta oración:

“DIOS, perdóname por convertir el regalo que me has dado en una carga. Por favor ayúdame a mostrar un cambio genuino y vivir de una manera que te glorifique. Permíteme ver lo afortunado y bendecido que soy. Sé el poder que necesito para vivir plenamente en Cristo Jesús. Amén.”


Publicado originalmente en DevocionalDiario.com. Escrito por: Richy Esparza